domingo, 28 de marzo de 2010

Haz lo que quieres y consigue lo que deseas - Un asunto de actitud


Uno de los mayores valores que las personas tienen es la creencia en si mismas: en lo que son, quieren ser y luchan para conseguirlo.

Uno de los mayores errores que se cometen es vivir o hacer todo aquello que los demás esperan o quieren que se haga. Esto sucede, cuando la persona no quiere desagradar, que se enfaden con ella o simplemente por miedo a contrariar a la gente que quieren. Cuando esto pasa se está dejando de lado los propios intereses para caer en el chantaje emocional y se hace lo que otros dicen y no lo que realmente se desea.

Si te está sucediendo esto es el momento de cambiar, de hacer lo que realmente quieres y utilizar toda tu fuerza y pasión por lograr lo que deseas y quieres, porque sino te estarás convirtiendo en una persona insegura, evitarás los riesgos y poco a poco irás perdiendo la creencia en ti y en el gran potencial que guardas en tu interior.

No quieras ser lo que otros quieren que seas, si tienes un objetivo claro que te impulse, no le pierdas de vista y lucha sin descanso hasta conseguirlo. No entres en el juego de las emociones por miedo a no ser lo que otras personas esperan de ti o parecerte a alguien que admiras. Haz un buen análisis de todo los valores que tienes, prepárate para las posibles adversidades, traza el plan adecuado, y casi sin darte cuenta, te estarás aproximando a aquello que deseas y estarás reforzando tu creencia en ti.

Cuando se rompen las ataduras de la aprobación de los demás, se consigue andar un largo camino que conducirá a ser mejor persona, en principio, para nosotros mismos, y luego, para los demás. Quizás en algunos momentos podremos ser tachados de egoístas, pero ¿qué somos capaces de ofrecer a los demás cuando nos sentimos frustrados, fracasados o sin rumbo? Pues, seguramente, nada. Entonces, empecemos a cuidarnos y a querernos, en el momento que lo logramos estamos ofreciendo a nuestros seres queridos, nuestros amigos y colaboradores, lo mejor de nosotros mismos.

Debemos aprender a creer en nosotros, a no necesitar la aprobación de los demás y a no ser una copia de personas que para nosotros son referentes. Imitar a personas respetadas o exitosas suele ser otro error en el que se suele caer. El pensamiento, idealiza a una persona y entonces, aprende sus gestos, su forma de expresarse, su forma de relacionarse, para al final, ser una burda copia de ellos, habiendo perdido nuestra personalidad, nuestros valores, en resumen, nuestra esencia de ser humano.

Potenciar lo que realmente se es no es tarea fácil pero sí muy gratificante. Cuando una persona se siente con confianza y cree que puede hacer todo aquello que desea, entonces se desata una gran fuerza interior, que le impulsa a conseguir todo lo que se proponga.

Me gustan mucho las fábulas porque creo que cada uno encuentra en ellas su propia moraleja. Pues a continuación te voy a contar la historia del invernadero de Helena y aunque yo te contaré mi propia reflexión, seguro que tú encontrarás otra.

Helena era una mujer que amaba las flores y decidió construir un invernadero. Buscó las flores más hermosas para ese rincón mágico que iba a crear y acondicionó el lugar buscando lo ideal para el crecimiento de las plantas: temperatura, humedad, abono, tierra, etc. y cuidó con esmero este vergel que estaba creando.

Un día paseando por el invernadero descubrió que sus flores se estaban muriendo. Preocupada, se acercó a la rosa y le preguntó porque estaba tan mustia cuando ella le dedicaba tanto cuidado; ésta le respondió que estaba triste porque no podía ser tan hermosa como la orquídea. Siguió caminando y se encontró a un helecho y este le dijo que se moría porque no podía florecer como la rosa. A unos pocos pasos se encontró un naranjo caído porque no podía dar flores tan hermosas y olorosas como la rosa. Siguió andando y vio a la orquídea que le comentó que se moría porque no podía ser tan fuerte y alto como el naranjo.

Entre todo aquel caos de plantas mortecinas encontró una flor lozana, fresca y frondosa; era una margarita. Helena extrañada se acercó y le preguntó: ¿Cómo es posible que crezcas tan saludable en este jardín, donde flores y árboles se mueren y están mustios? Ésta le respondió: No lo sé, quizás sea porque siempre pensé que querías margaritas y pensé que debía ser la mejor y la más bonita, para que cuando visitaras tu jardín te deleitaras mirándome, y me dije, voy a ser la margarita más bella y hermosa del jardín de Helena.

Si creemos en lo que somos y trabajamos en ser los mejores, en aquello que queremos ser, conseguiremos atraer el éxito y la felicidad para nuestra vida. Pero si decidimos vivir mustios y marchitos, ansiando ser lo que no somos, nos sentiremos frustrados y repitiéndonos constantemente: “si yo pudiera...”, “si yo consiguiera...”, “si me dejaran...”, “Si me permitieran ...” , “si yo fuera…”.

Nos dedicamos a vivir nuestra vida siempre pensando en el futuro y en lo que podríamos lograr, sin pensar, que es hoy, cuando debemos trabajar en ser los mejores y en conseguir aquello que deseamos.

Podemos elegir hoy estar felices con lo que somos, con lo que tenemos y trabajar para conseguir nuestros sueños, o podemos vivir amargados, por lo que podríamos ser o tener.

El día que aceptemos que somos seres únicos y exclusivos y que nadie puede hacer, lo que nosotros tenemos que realizar en esta vida; que somos lo que somos y no lo que podría ser, ese día, se desatará una energía arrolladora que nos llevará directos a la cima del éxito de nuestros deseos.

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