viernes, 30 de abril de 2010

El dinero y la prosperidad, un reflejo de nuestro interior

En la filosofía de la nueva era, el mundo exterior es un reflejo del mundo interior; el ámbito físico es un espejo de nuestra conciencia. “Nuestra vida refleja nuestros pensamientos”, reza un dicho popular. Si comenzamos a asumir la responsabilidad de cambiar nuestros pensamientos, nuestra experiencia de la realidad también cambiará.

Según este concepto, vivimos en un universo espiritual de infinita abundancia. Sólo estamos limitados por nuestros pensamientos y creencias sobre la realidad. El dinero es un reflejo de nuestra conciencia, y nosotros mismos creamos nuestra experiencia con el dinero.

Cualquier problema que tengamos con respecto al dinero o a la prosperidad es un reflejo de nuestros pensamientos negativos y de nuestra creencia en la limitación. Tendremos una riqueza ilimitada a nuestra disposición si estamos dispuestos a cambiar nuestra forma de pensar.

Esta perspectiva pretende tender un puente entre el interior y el exterior. La estrategia para crear la prosperidad es “cambie su forma de pensar, ábrase a la infinita abundancia del espíritu, y tendrá todo lo que desee”.

Limitaciones de cada punto de vista.

Estos tres puntos de vista generalistas contienen elementos de verdad para alcanzar nuestra verdad personal, que será la única que nos permita conocer la verdadera prosperidad, la nuestra.

El punto de vista materialista puede ayudarnos a desarrollar habilidades que necesitamos para sobrevivir y triunfar en el mundo físico. Nos enseña a satisfacer las necesidades de la familia y la comunidad. Esta perspectiva nos enseña a sentirnos cómodos con nuestra capacidad para influir en el mundo que nos rodea. Nos enseña a respetar y honrar el plano físico de la existencia.

Los especialistas sostienes que el problema de esta filosofía es que se centra exclusivamente en lo exterior. Niega la importancia de los planos interiores y nuestras necesidades espirituales, intelectuales y afectivas. Cuando tenemos este punto de vista, buscamos plenitud sólo en el ámbito de lo material, y eso nunca es suficiente.

A la larga, esta filosofía conduce a un sentimiento de vacío y desencanto, porque por muchas cosas que tengamos nuestras necesidades interiores seguirán insatisfechas.

De acuerdo con expertos, el punto de vista espiritual religioso ofrece una vía de escape de la trampa materialista. Reconoce nuestra profunda necesidad de sentirnos conectados con el espíritu y parte de algo más grande, superior a nuestra existencia física individual. Nos ayuda a explotar y descubrir un significado, un propósito y una plenitud más profundos, lo que contribuye a superar la obsesión por el plano material.

No obstante, al caer en el extremo opuesto se crea otra trampa. Se niega la importancia de las facetas física y emocional de nuestro ser, que constituyen una parte importante de lo que somos. Como seres espirituales, hemos escogido venir al mundo porque aquí debemos experimentar algo muy importante y significativo. Si negamos nuestras necesidades físicas y emocionales, creamos un conflicto en nuestro interior. Deseamos y necesitamos estar en el plano físico, explorarlo, desarrollarlo y aprender en él.

La prosperidad es la experiencia de tener mucho de lo que verdaderamente necesitamos y queremos en la vida, tanto en el plano material como en otros.

Lo importante es comprender que la prosperidad es una experiencia interior, no un estado externo, y que esta experiencia no está ligada al hecho de poseer una suma de dinero determinada. Aunque la prosperidad está relacionada con el dinero, no es causada por el dinero. Mientras ninguna cantidad de dinero puede garantizar la experiencia de prosperidad, es posible sentirse próspero en prácticamente cualquier nivel económico, excepto cuando somos incapaces de satisfacer nuestras necesidades básicas.

Margot Guiovana Fuentes Barbosa

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