sábado, 29 de mayo de 2010

Por varias razones, dejé de fumar.

Empecé a la edad de 15 años, y hace un mes, después de estar fumando más de un paquete de cigarrillos al día y por 22 años, DEJÉ DE FUMAR.

Durante mucho tiempo, escuché a varias personas diciéndome que dejara de fumar, que eso era malo, que el daño que me estaba haciendo era muy grande, etc. Una y otra vez, eso me entraba por un oído y me salía por el otro sin hacer eco alguno. Yo seguía fumando y sin ningún interés en dejarlo.

Desde hace un poco menos de un año, mi hijo, de 8 años de edad, empezó a decirme, a sugerirme, que dejara de fumar, y aunque la mamá lo incitaba a decírmelo, era su tono, su rostro, su deseo, lo que me empezó a llamar la atención.

Otras personas me decían lo mismo, pero su tono, más en forma de regaño que de consejo, no me motivaban lo suficiente.

A comienzos de éste año, capacitándome sobre diferentes temas de superación, finanzas personales, ahorro, etc., hice un cálculo de cuánto dinero me costaba el cigarrillo al año, y el valor era de USD 650, +/- un 5%. Esto solamente contando el valor de las cajetillas, las mentas y las fragancias que utilizaba para no expeler tanto olor a cigarrillo. NO tuve en cuenta ningún valor en medicinas o consultas al médico a causa del consumo, pues no pude cuantificar ese valor.

Entre otros temas, también me estoy capacitando en autoayuda, ley de atracción, y motivación. Leyendo sobre ello, me llegó el mensaje de que yo podía lograr muchas cosas que me propusiera, si lo hacía con convicción y con fe. Empecé a pedir a Dios con devoción que me enseñara el camino, la forma de dejarlo.

Hace un mes aproximadamente, un compañero de trabajo, me suministró una información sobre un cigarrillo electrónico (el cual suministra Nicotina) y cómo una tía suya no había vuelto a consumir tabaco gracias a él. En ese momento pensé en todos los aspectos anteriores (mi salud, mi hijo, mis amigos, el ahorro de dinero, mis propósitos, etc.) y me dije a mi mismo que ese era el camino que Dios me había mostrado. Sin pensarlo dos veces, fui a comprar ese dispositivo y lo empecé a utilizar ese mismo día. El cambio fue inmediato, pues ese primer día solamente me fumé tres cigarrillos de verdad, y para el cuarto día ya no me fumaba ninguno. Pasados 10 días con el dispositivo, éste se averío. Ese fue el punto que determinó el cambio total. Fue entonces cuando con fuerza de voluntad y mucha entereza, decidí que ya no iba a utilizar más el dispositivo; que ya no necesitaba ni un solo cigarrillo, fuera real o electrónico. Y, aunque por garantía, me arreglaron el cigarrillo electrónico, NO lo volví a utilizar.

Pues bien, de eso ya hace 20 días, y aunque parezca poco tiempo, el mensaje que les quiero transmitir es que Dios nos dice las cosas de diferentes maneras y que el poder de la mente y la fuerza de voluntad te permiten alcanzar sueños y metas que antes creías inalcanzables.

Confía en ti mismo, confía en Dios. Tú puedes mejorar tu estilo de vida.

Que tengas un feliz día.

Felipe Arteaga

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