martes, 29 de junio de 2010

Yo soy el dueño de mi destino, El capitán de mi alma


Autora: Margot Guiovana Fuentes Barbosa
"Más allá de la noche que me cubre negra como el abismo insondable, doy gracias a los dioses que pudieran existir por mi alma invicta. En las azarosas garras de las circunstancias, nunca me he lamentado ni he pestañeado. Sometido a los golpes del destino,  mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. Más allá de este lugar de cólera y lágrimas donde yace el horror de la sombra, la amenaza de los años me encuentra, y me encontrará, sin miedo. 





No importa cuán estrecho sea el portal, cuán cargada de castigos la sentencia, soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma” con este poema ( de William Ernest Henley), Nelson Mandela, el genio político,  se inspiró para superar los momentos difíciles en la cárcel y fortalecer su visión, la de una Sudáfrica libre, la de eliminar la desconfianza y el odio existente durante décadas entre la población blanca y negra. 


Sin embargo, la frase  contundente del poema: "Yo soy el amo de mi destino y el capitán de mi alma", se convirtieron en la fuerza y el coraje de este líder de la humanidad que con su ejemplo y humildad, nos dejó un legado que la mayoría de los seres humanos en estos tiempos no hemos querido comprender. El legado del perdón, de la humildad, del amor, de la igualdad, y no lo hemos querido mirar por estar parados en las creencias limitantes de la ambicion, el poder, y la mediocridad.
Por eso,  al ver hace pocos días la película que narra la historia de este grande pensador (basada en el libro de John Carlin "The Human Factor: Nelson Mandela and the Game That Changed the World”), titulada ‘Invictus’, reforcé mi postura  de que los seres humanos, si nos lo propusiéramos podríamos con tan solo llenar nuestros corazones de perdón y humildad, acabar no solo con nuestras guerras internas, sino con las externas que nos impiden visionar un mundo creado en el amor y en la prosperidad. Perdonar es solo una cualidad de carácter de los valientes y los fuertes, seguros de sí mismos. La imposibilidad de perdonar,  solo va directamente correlacionada con mi debilidad y mis propias inseguridades.
Así mismo, podríamos demostrarnos que la capacidad y la sabiduría del  ser humano nos dan la posibilidad en un momento dado, de cambiar sencillamente de opinión, y optar por otros métodos de diálogo y conciliación. Es una de las cosas que más nos cuesta: tener la humildad y la valentía de cambiar de opinión, pues a menudo nos gusta tener la razón.  Eso fue lo que hizo Nelson Mandela para que se diera el milagro de la unión en el pueblo sudafricano.  ¿Por qué no pensar en crear nuestro propio milagro? ¿Qué nos impide perdonar?
Necesitamos trabajar en mejorar nuestra manera de ser, e incorporar  lo que no tenemos en nuestro corazón.  En otras palabras, transformar nuestro estilo de vida.   Por ejemplo, si tenemos una manía de impuntualidad (sí, es una manía), hacernos el propósito de llegar puntuales al trabajo, cumplirle a nuestros amigos y demás actividades diarias. Cumplir con nuestros compromisos en general, respetar nuestra palabra. Está comprobado que el incumplimiento es una las plagas que desestabiliza más amistades, oportunidades laborales, desarrollo profesional, que muchos otros factores. 
Está comprobado, que los seres cumplidos generan confianza en sus superiores y en los seres que nos aman, situación que a su vez, genera muchas oportunidades buenas para los cumplidos. En circunstancias similares, el respeto por nuestra palabra empeñada, tan escaso en nuestros días, dará a los que la practican toda clase de dharmas y bendiciones. No nos hemos detenido a pensar en esto: ser cumplidos y respetar nuestra palabra, nos trae muchas bendiciones. Pero lo más importante, es la práctica de la Regla de Oro: No le hagas a otro, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Si nos embarcamos en criticar todo a nuestro alrededor y participamos de conversaciones en donde el juzgar es nuestro  hobby o creencia limitante,  ¿adivina que resultado obtenemos?  Por lo que adopta otra posición y evita  hacerlo.   Mira las cosas buenas que tienen  los demás.  Mientras que otros cuestionaban al capitán del equipo de rugby, Francois Pienaar,  Nelson Mandela lo  impulsó a creer en él mismo. Al animarlo desde el amor.  
No estoy diciendo que sea fácil. Pero si no lo intentamos, si no asumimos retos en nuestra vida, al final del camino estaremos en el mismo lugar.  Debemos aprovechar al 100% (como lo visionó Mandela) las oportunidades. 
A todos los seres humanos se nos da la posibilidad de tenerlas. Sin embargo, por estar enfrascados en una rutina diaria, dejamos que se nos pasen y ni siquieramos nos damos cuenta que pueden estar muy cerca de lo que creemos.
Recuerda que nuestra vida se presentan  ‘serendipity’ (descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado, casi de orden milagroso).  Por lo que tenemos que mirar mas allá y aprender a descubrir y aprovechar estos hallazgos inesperados que pueden suceder cuando simplemente nos reencontramos con una persona del pasado, o cuando simplemente no permitimos conocer a otro ser humano.  
Llegó la hora de buscar en nuestra vida, como lo hizo Mandela, ese poema que nos inspire a volar y vivir cada día de manera diferente. Recordando a cada instante, que nosotros somos los “dueños de nuestro destino y los capitanes de nuestra alma”.  Somos nosotros quien elegimos ver el vaso medio vacio o medio lleno. Y somos también los responsables de salvaguardar contra viento y marea, la pureza de nuestra alma, para que nada ni nadie altere nuestro ser.  
Es impresionante ver la grandeza de este líder, cuando en medio de las difíciles circunstancias  que vivio en la cárcel (27 años), mantuvo su corazón alejado del odio y del rencor.  Solo tenía una visión que sobresalió por encima de los obstáculos: unir a su país en el amor, en el respeto por la diferencia y valorar a los seres humanos, sin importar el color, el credo ni la raza.
Así que busca tu inspiración y empieza por darte el permiso de ser tu mismo.

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