lunes, 12 de julio de 2010

El dinero en la pareja

Como encontrar el punto de equilibrio
El dinero es un tema que muchos prefieren no abordar porque es delicado. Se asocia con conflicto, con intereses y con el poder. Sin embargo, la única clave para que no sea un tema complicado para la pareja es hablarlo con la mayor transparencia y los más mínimos detalles posibles.

Está claro que hablar de platas no es lo más romántico para una pareja joven; sin embargo, es muy necesario, sobre todo si se está comenzando una vida en común. Cómo organizar el presupuesto, dividirse los gastos, endeudarse o no, el ahorro y otras decisiones son temas que deben pasar por una conversación profunda y abierta. Si no es así, se están creando dificultades para el futuro, las que en algún momento pueden “pasar la cuenta”.






El dinero es uno de los temas que simbolizan lo que pasa en la relación de pareja. Si hay problemas en otros ámbitos, probablemente en él se van a reeditar. Si la comunicación no es buena, por ejemplo, las diferencias por razones económicas se van a arrastrar porque es “delicado tocarlas”… También hay personas que consideran que lo material contamina lo sentimental, así que lo dejan de lado. Pero no enfrentar eso, es fuente segura de conflicto.


Lo ideal es hablar abiertamente de plata antes de constituirse como pareja, teniendo claridad del presupuesto que se manejará y cómo les gustaría distribuirlo. Eso marca un estilo de comunicación que será muy útil para enfrentar las dificultades que surjan más adelante. También es importante esforzarse desde el principio en ver el dinero como un medio para lograr bienestar para la familia, no un bien en sí.


Hoy en día en la mayoría de las parejas jóvenes ambos trabajan, por lo tanto cada uno tiene su propio “sistema económico” que debe adaptarse tras casarse. Se ponen en juego las culturas familiares, que probablemente son distintas. “En mi casa mi papá veía sólo el presupuesto”, “mi familia prefería pagar sólo al contado” y “comprar en cuotas es la mejor opción” son algunas frases que pueden surgir. Se requiere siempre una negociación, en que probablemente no van a quedar ciento por ciento satisfechos, ambos van a tener que ceder, si no, serían clones.


Desarrollar la habilidad de negociar es clave, porque cuando alguno se siente pasado a llevar comienzan las dificultades. Sobre todo si se queda callado a pesar de su molestia, ya que ésta surgirá después en medio de una discusión por otro tema… y las cosas se van a ir agrandando sin darse uno cuenta. Por eso es tan importante ser honesto, sobre todo al principio del matrimonio, cuando puede existir todavía la idea errada de que “si no tenemos ninguna discusión, es porque nos llevamos bien”.


Lo más probable en una pareja es que uno gane más que el otro, lo que no constituye un problema en sí, a menos que quien hace el mayor aporte se sienta con más poder para decidir sobre la vida familiar. Lo más sano es la flexibilidad, distribuyendo el poder según los ámbitos que cada uno maneje mejor. Es decir, la ley de las compensaciones funciona aquí a la perfección. No importa si es la mujer la que hace el mayor aporte, si eso está hablado y convenido, la pareja tendrá que ver cómo se establecen las compensaciones para que la relación no se vea desbalanceada.


Sin fórmula mágica


No existe una sola manera para administrar el dinero en una pareja, cada una debe buscar la suya. Algunas juntan los ingresos de ambos en un fondo común, del cual van descontando los diferentes gastos. Otras se dividen los gastos, de acuerdo con los ingresos de cada uno y manejan una cuenta bancaria independiente. No existen la fórmulas mágicas, sino los sistemas acordados por ambos, en que se los dos se sientan cómodos.


Las formas de organizarse pueden ir variando con el tiempo. Si al casarse uno de los dos está estudiando, las cosas cambian cuando él entre a trabajar; cuando un matrimonio tiene a su primer hijo y sus gastos aumenten o cuando alguno quede cesante, reduciendo los ingresos de la casa. En esos momentos es importante sentarse a conversar, reorganizar el presupuesto familiar y buscar un acomodo que les parezca justo a los dos.


La clave para conversar de buena manera sobre dinero –o cualquier otro tema conflictivo– es aceptar que el otro es distinto y le pueden gustar o molestar cosas distintas a mí, lo que es legítimo. Desde esa constatación se hace más fácil negociar y conseguir acuerdos.


Finalmente las parejas que perduran son las que aprender a enfrentar los problemas, no las que no tienen problemas.


Claves para una administración eficiente


• Definir entre los dos un sistema para administrar el dinero, en que cada uno se sienta cómodo y responsable de su rol.
• Manejar un presupuesto mensual, intentando que los costos fijos no superen un monto preestablecido, para destinar un porcentaje a ahorro. Ambos deben respetarlo.
• El presupuesto debe incluir gastos fijos, montos de libre disposición para cada uno, porcentaje para cubrir imprevistos y otro para ahorro (desde que se pueda).
• Llevar un orden de las entradas y salidas de dinero.
• Diseñar un plan de gastos anual que incluya los gastos que no son de todos los meses, como patentes, contribuciones, vacaciones, Navidad, etc.
• Ponerse metas de ahorro realistas en el mediano plazo, acordando una meta común: adquirir una propiedad, pagar estudios, viajar, etc.
• Ser equitativos con las exigencias de ambos.
• Compartir las decisiones importantes.
• Adecuar el nivel de gastos a los ingresos reales, sin compararse con otras parejas.

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