martes, 27 de julio de 2010

La autoestima, una condición a la hora de crear abundancia.

Por: Margot Guiovana Fuentes Barbosa

¿Qué tiene que ver el dinero con el amor propio o autoestima? Algunos dirán que nada. Sin embargo hay una relación primordial acerca de lo que pensamos sobre cada uno de nosotros, nuestra seguridad interior,  la forma como nos valoramos y los resultados que obtenemos en nuestras finanzas personales.

A menudo el lenguaje de la mayoría de las personas está cargado de frases que parecen un rosario interminables de quejas que son validadas de voz en voz. El negativismo está a flor de labios: “yo seré pobre, pero honrado’,’ no tengo’,  ‘no puedo,  ‘sin un peso no valgo nada’ etc…



Así mismo a la gente le da temor cobrar por sus servicios profesionales, por el miedo a perder la oportunidad laboral, el negocio, el amigo. E incluso muchos se quedan callados y dejan que otros le pongan valor a su trabajo, a sus ideas.
      
Para algunas personas el amor propio y su valor frente a la sociedad esta medido, por  lo que posea en la billetera.  Por eso cuando de autoestima se trata nos enseñan que el dinero, el poder, el prestigio y las posesiones materiales son de suma importancia y a veces incluso el motor de nuestra vida.  También que para ser felices, los demás tienen que apreciarnos y respetarnos. No obstante se nos olvida lo principal: amarnos  y darnos en el valor que nos merecemos por existir.
   
Recuerdo que en un seminario sobre crecimiento personal uno de los participantes, un hombre de 30 años, dijo sin tapujos que se sentía mal cuando no tenía dinero ya que se había convertido en un fin para su vida y sin el, su vida no valía un peso. Me sorprendí con su afirmación, pero no es el único que lo piensa. ¿Será el dinero, es el artífice que enaltece la autoestima?  Algunos personas ven el dinero como un fin y no como un medio por lo que su felicidad y valor como seres humanos, está  medido por la cantidad de ceros a la derecha que posean en el banco,  el carro, la ropa de marca, los viajes en fin. 
  
En realidad que sucedería si la gente tomará conciencia de que el dinero es solo un medio y que la autoestima y la seguridad en sí mismos son la llave que  abre la puerta de la prosperidad y la abundancia.  
Es decir que mientras nuestras creencias en relación a lo que pensamos de sí mismos,  la forma como nos proyectamos ante los demás,  sigan siendo pobres, así mismo será el caudal de prosperidad. ¿Pero cómo ser abundantes y prósperos?

Primero quiero explicar el significado de abundancia, antes de entrar en materia. Esta palabra proviene del latín abundantĭa y se refiere a una gran cantidad de algo. ¿Cuánto de ese algo? Todo lo que signifique bienestar para nuestra vida.

Según la Coach Ontológica y Entrenadora Transformacional,  Myriam Chávez , la abundancia es una experiencia de vida, de liberación profunda, de paz y de tranquilidad que se obtiene cuando se pierde el miedo al futuro y se suelta la actitud de escasez.

 “La más difundida definición de economía es la de Lionel Robbins, quien dijo que “la economía es la ciencia que se ocupa de la manera en que se administran los  recursos escasos de la sociedad” . Explica, que desde allí se genera esa conversación de incertidumbre e inseguridad por el futuro que atrapa a la gente en un estado de carencia que se va convirtiendo en un estilo de vida”
Frecuentemente vemos  la vida, desde la óptica de la insolvencia por lo que las conversaciones que sostienen algunos seres humanos, hablan de que los recursos son escasos, se acabarán y podría no haber suficiente para todos. Por eso en nuestra mente resulta difícil crear y retener la riqueza, señala.   
¡Vaya que estilo de vida el que elegimos! es cierto que a  veces se nos dificulta abandonar estos paradigmas, pero nada es imposible. Por lo que llegó el momento  de revertir la ecuación para aprender a crear y retener riqueza y prosperidad. 
  
También de que aparezcan, porque no decirlo titulares de prensa en donde se diga por ejemplo que ‘la  pobreza se erradicó del planeta’ en vez de los impactantes que hemos leído estos días, sobre el aumento de la pobreza en el mundo. 
      
Es hora de abandonar las conversaciones de escasez y dejar de vivir “,  en el ‘no  tengo”, de sacudirnos del temor al fracaso. ¿Cómo lograrlo?  Abriendo  nuestra mente ‘al sí puedo’ ‘me lo merezco’ ‘lo ‘voy a lograr’.
Respetándonos, siendo asertivos,  abandonando el miedo a expresarnos y valorando nuestras ideas, nuestro tiempo  y por supuesto dejando de lado la costumbre de quedar bien con todo el mundo a costa del bienestar propio. Y cómo lo dijo el Presidente Obama, no es el tiempo del miedo, sino de la esperanza.

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