miércoles, 7 de julio de 2010

La paternidad se ejerce con presencia

¿Están los varones menos capacitados que las mujeres para la crianza de los hijos? La respuesta rotunda es que no. Claro es que en la mayoría de los casos un padre no es lo mismo que una madre. Son papeles distintos y necesarios para la crianza sana y plena de nuestros hijos.


Diferentes estudios muestran que tanto el padre como la madre tienen una similar predisposición emocional para guiar, cuidar y nutrir a los hijos. Por lo tanto, es seguro que los varones tienen capacidades para la crianza; el problema es que culturalmente no se han ocupado de ésta, y ahora con todos los cambios que están aconteciendo con respecto a las mujeres, deben comenzar a formarse en este tema, como si de una asignatura pendiente se tratara. Y la única manera de aprender a interactuar con los hijos, es pasando tiempo con ellos y prestando atención a sus necesidades y deseos, ocupando un lugar específico y efectivo dentro de la vida de su hijo o hija.






El simple hecho de la presencia y el interés en la crianza efectiva, emocional, lúdica… es desencadenador del instinto paterno que guía en estos procesos, por lo tanto se trata de un círculo de crecimiento; cuanto más tiempo pases con tus hijos, más calidad tendrá la crianza y más motivación se tendrá para pasar tiempo con éstos.


Antigua y no tan antiguamente se relacionaba la crianza de los hijos con las predisposiciones de la identidad femenina, y como todo lo femenino daba cierto rechazo a los hombres tradicionales, se alejaban sistemáticamente de estas funciones y las dejaban íntegramente a las mujeres.


Durante siglos los varones han sido los proveedores materiales de la familia, lo que hizo que se instalara la costumbre de que el padre no debe interferir en la crianza; simplemente ayudar a que ésta esté provista materialmente. Así poco a poco el padre se ha ido alejando de estas funciones, para hacerse simplemente el macho proveedor y dominante de la familia, hasta que las mujeres decidieron cambiar por completo las relaciones de dominancia establecidas en el nido familiar.


Pero los pequeños necesitan crecer teniendo aportaciones tanto de la madre como del padre, necesita que el padre y la madre estén presentes en su crianza y le aporten las diferentes experiencias que un hombre y una mujer son capaces de transmitir. Claro está que las aportaciones que hace un padre o una madre pueden ser diferentes en muchos casos, y es esa diferencia la que nos interesa para criar a hijos plenamente desarrollados, hijos que aprendan de diferentes modelos, hijos que aprendan sobre la diversidad, sobre lo masculino (masculino, no en el sentido patriarcal de la identidad masculina), y lo femenino, y que estos modelos que son los padres se sientan más realizados y relajados al poder compartir las funciones de crianza con su pareja.


Fuente: www.tnrelaciones.com

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