viernes, 30 de julio de 2010

Amores Invisibles

Por sofia.acalantide 
Recuerdo una escena de dibujos animados: Droopy, el héroe, un perro de apariencia y voz lastímera, mira fijamente a la cámara y dice: "¿Saben qué? Soy muuuuuuuuy feliz". Ese contraste causaba gracia, pues no importa lo que dijera, su gesto era muy otro: lo estábamos viendo y no se reía. Una gracia parecida me causan los que esta vez llamaré "amores invisibles", pues quiero sostener que, si no podemos ver el amor, éste no existe, o por lo menos, vale muy poco.



Conozco más o menos cincuenta variables del mismo libreto, todas extraídas de la vida real -algunas de mi propia vida-, cuyo argumento es el siguiente: "no me busca, nunca le veo, me hace desaires, ha protagonizado situaciones (o ha sido cómplice) de malos tratos hacia mí... pero dice que me ama, infinitamente, para siempre". Un "amor", que tiene cara de todo, menos de amor. ¿Por qué nos inclinamos a creer más en esas palabras vacías que en las otras realidades que las rodean?



Supongo que tal despropósito tiene que ver con la manera como entendemos el amor. "Es un sentimiento", decimos, y como se supone que los sentimientos son algo etéreo, algo que no se puede ver, un "nosequé" que habita misteriosamente  en el corazón o las entrañas, entonces aceptamos que nos digan "te amo" sin que podamos ver ninguna señal de tal amor. Error. Creo que nos sentaría bien re-pensarnos esa definición, por lo menos en cuanto al amor se refiere, porque aceptando ese camino nos enfrascamos en "relaciones" dañinas, aceptamos la ley del embudo ubicándonos en su parte más angosta, perdemos el tiempo y la alegría. Que se noten las comillas cuando digo "relaciones", porque una relación verdadera necesita por lo menos de dos personas, y cuando el "amor" de alguna no se ve, lo que se tiene al final es que la otra está apegada a una fantasía, al deseo de ser amada, relacionándose únicamente consigo misma y con su propio -y único- deseo.

Necesitamos entender el amor como algo más que un sentimiento. Entender que amor significa compañía, cuidado, solidaridad. Que puedo saber que alguien me ama porque me presta su hombro para llorar y sus risas para acompañar las mías. Porque me abraza cuando nos vemos; porque me ofrece su ayuda cuando la necesito; porque disfruta de mi compañía y la busca; porque no tolera que me traten mal y toma distancia de quien me lastima; porque se alegra con mis triunfos; porque está pendiente de mí, aunque esté lejos. Porque a veces amamos a personas que están lejos, claro que sí, o tenemos ritmos que espacian los encuentros, pero aún en la distancia el amor -cuando es amor- puede verse. Debe poder verse, más allá de las palabras, incluso por encima de ellas, porque en momentos de tensión o desacuerdo las palabras pueden llegar a ser muy duras, pero si he podido ver todo lo otro, me sabré, sin embargo, amada. Pero no puede ser al revés: las solas palabras dulces, vaciadas de toda otra evidencia, no alcanzan a ser amor.

Quien acepta ese tipo de "amor invisible", las más de las veces, sufre, mientras que quien lo profesa obtiene tranquilidad. Quien dice: "yo te amo" sin invertir en ello más que saliva, se pone en paz con sus emociones y continúa con su vida, tal cual, sin que ese pretendido "amor" perturbe su cómoda cotidianidad. Algunas de las personas que protagonizan las historias que conozco, dirían que sí demuestran ese "amor" que dicen sentir: escriben "te amo" en el messenger, cuando se embriagan llaman en la madrugada a decirlo, comentan con las amistades lo grande de su "amor". ¿De verdad se creen ellas mismas ese cuento? ¿Alguien sensato puede pensar que esas son verdaderas muestras de amor? Yo no. Esos son paliativos para sus conciencias, porque tal vez no se las arreglan tan bien con el hecho de recibir mucho y no dar nada, entonces dicen cosas, se llenan la boca diciendo que aman para evitarse la tarea de amar.

Como no soy una mujer religiosa, me la llevo mal con los actos de fe. Eso de la "fe ciega" me pone los pelos de punta. No quiero estar ciega, quiero ver, hacer el intento por lo menos. Los "amores" invisibles demandan una fe ciega, un amor ciego, que yo no quiero. Quiero amores lúcidos, cargados de razones para ser, que llenen la vida de cosas hermosas, de instantes eternos, de complicidades y alegrías, no sólo de palabras acarameladas en forma de promesa.

La escena de dibujos animados con la que comencé genera risa por "el contraste entre sus desmayados andares y sus verdaderas ambiciones", porque Droopy parece triste pero se nos revela exaltado. En una escena de "amor invisible" el contraste es inverso: abundancia de efusividad al hablar, sin ninguna correspondencia con los actos (por eso ahora ambas situaciones me generan la misma gracia). Sin embargo, en los "amores invisibles" la ingenuidad del clown es reemplazada por el carácter egoísta de quien sólo piensa en sí mismo (por eso, antes de aprender a reírme de ellos, los sufrí).

Se trata entonces de "amar con los ojos abiertos", como dijo sabiamente mi Liz.... Ese es el camino de los amores subversivos, de los amores que realmente valen la pena.

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