lunes, 2 de agosto de 2010

MATRIMONIO

Por: No se quien lo escribió pero me gustó y lo quise compartir con mis lectores.

Cuando llegue a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la
tome de la mano y le dije: tengo algo que decirte. Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.

De pronto  ya no sabía como abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo
que pensaba. Quiero el divorcio......le dije lo más suave que pude.

Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy
tranquilamente me pregunto, ¿por qué?







Evite su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiro los
utensilios y me grito, ¡no pareces hombre! Esa noche, ya no hablamos
más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber que le había
pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una
respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya
no la amaba, solo me daba lástima.

Con un gran sentido de culpa, redacte un acuerdo de divorcio en el que
le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi
empresa

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado
diez años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por
todo ese tiempo y energía que desperdicio conmigo. Todo eso que yo
nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba
a Eloísa.



Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo
esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya
que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara
que nunca.

El siguiente día, llegue a casa muy tarde y ella estaba en la mesa
escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso
con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retire a dormir.

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad
no me importo y solo me acomode de nuevo en cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presento sus condiciones para aceptar divorciarse: No
quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio,
me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal
posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes
muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia
del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más,
me pidió que me acordara como la cargue el día de nuestra boda.

Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la
puerta de la casa....... pensé que se estaba volviendo loca. Pero
decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin
más peleas o malos momentos.

Le platique a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa......se rio
bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: no importa
los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad que se van a
divorciar.

Desde que le exprese mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no
teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargue se me
hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al
vernos y dijo, papa me da gusto que quieras mucho a mi mama. Sus
palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta
la puerta de enfrente camine como diez metros con ella en mis brazos.
Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del
divorcio. Me sentí muy incomodo, la baje y ella camino a tomar el
autobús para ir a trabajar. Yo maneje solo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargo ligeramente en
mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde
hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di
cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara,
su pelo ya mostraba canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio.
Por un minuto me pregunte que si yo era el responsable de esto.

A el cuarto día, cuando la cargue. Sentí que regresaba un poco de
intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida.

El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra
vez. No le platique nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban
se me hacia mas fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me
estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no
encontraba nada que le quedaba. Solo suspiro y dijo, todos mis
vestidos me quedan grandes. Es ahí donde me di cuenta que por eso se
me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy
pero muy delgada.

De repente entendí la razón......estaba sumergida en tanto dolor y
amargura en su corazón. Inconscientemente le toque la frente.

Nuestro hijo entro en ese momento y dijo, Papá es tiempo que cargues a
mamá. El ver a su papá cargar a su mamá todos los días se le había
hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor mire
hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera
cambiar de planes. Entonces la cargue, y empecé a caminar hacia la
puerta, su mano acaricio mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis
brazos, justo como el día que nos casamos.
Pero su estado físico me causo tristeza. Ese día, cuando la cargue
sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la
escuela. La abrasé fuerte y le dije, nunca me di cuenta que a nuestra
vida le hacía falta algo así.

Me fui a trabajar.....salte fuera de mi auto sin poner llave a la
puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión.....subí
las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije, Lo siento mucho pero
ya no me voy a divorciar.

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me toco la frente y me
pregunto si tenía fiebre. Quite su mano de mi frente y le dije de
nuevo. Lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era
muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños
detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos.   Ahora me
doy cuenta que cuando nos casamos y la cargue por primera vez esa
responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe.

Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y
llorando cerro su puerta. Corriendo baje las escaleras y me fui de
ahí.

Pare en una florería, ordene un bonito ramo para mi esposa. La chica
me pregunto que le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí, " siempre te
llevare en mis brazos hasta que la muerte nos separe"

Esa noche cuando llegue a casa, con las flores en mis manos y una
sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto........solo para encontrar a
mi esposa en su cama.....Muerta

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No
la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un
falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo
para ser el amigo de tu esposo o esposa, y tómense todo el tiempo
necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. Que
tengan un feliz matrimonio

2 comentarios:

  1. Termino muerta?????... muerta de que de tristeza, o sufria de alguna enfermedad??... la historia estuvo buena hasta q el encontrar muerta a su esposa le quito realismo, para convertirse en cualquier telenovela dramatica, personalmente creo q vivieron felices para siempre.

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  2. Yo no sé si le quitó realismo y se convirtió en una telenovela. Lo importante es tomar la lección y hacerla nuestra. Hace una hora escuché en la radio un testimonio de un señor a quien se le murió su padre y se lamentaba de que hacía 10 años no le había dicho que lo amaba. Apropiémonos de esta "telenovela" como dice Rafael.

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