martes, 14 de septiembre de 2010

Amor y parejas: Enseñando los dientes


Por sofia.acalantide

En mi lista de propósitos para el año que comienza está escrito con mayúscula: TOLERANCIA CERO A LA INTOLERANCIA.

Me estoy cansando del camino del misionero, que va predicando la palabra con dulzura y poniendo la otra mejilla ante las agresiones. 

Parece que ser políticamente correcta ya no me sirve, no nos sirve, porque las frases correctas de cajón se han popularizado vaciándose de contenido. 


Ahora la mayoría afirma "yo no soy machista", pero déjale decir dos palabras más y su misoginia raza quedará en grotesca evidencia. La misma mayoría se llena la boca "hay que respetar la diferencia", pero que esa diferencia no la encarnen los profesores de sus hijos, la médica que les atiende, su vecino ni su compañera de trabajo. 




Cuanto más lejos esté la diferencia, tanto mejor. Las premisas políticamente correctas se han convertido en adornos, en accesorios que las personas usan para aparentar un sentido de civilización del cual siguen careciendo. Pañitos de agua tibia, nada más, mientras la raíz de la desigualdad entre hombres y mujeres sigue viva y toma nuevas formas.


Como los problemas son de raíz, requieren alternativas radicales. Radicalmente igualitarias. Radicalmente pacifistas. Radicalmente libertarias. Necesito, necesitamos, mostrar los dientes.

Desde que decidí mostrarle al mundo quien soy, sin esconderme en los armarios (que los hay para todo lo que no sea heterosexual, monógamo y vainilla) sabía lo que podía esperar: lo mismo que le espera a toda oveja "descarriada", eso es, el peso del estigma. 


He aprendido a cargar esos estigmas tras años de oír y leer tantas ofensas, ofensas que en mi colección privada tienen muy diversas procedencias: desde miembros de mi familia más cercana, pasando por amistades del colegio o la universidad, hasta absolutos desconocidos. Todos compitiendo por ser más crueles y tratar de herir donde más duele. 


Pero a fuerza de repetirse han formado mi carácter, y cada vez duelen menos. Muchos ya pasan desapercibidos y la mayoría me causan mucha gracia. Nadie sabe para quién -o para qué- trabaja. Intentando reducirla, sólo han fortalecido a la bestia que me habita.

He decidido estar radicalmente fuera de los armarios, porque sólo tiene sentido esconder lo que nos parece reprochable y a mí no me parece reprochable ninguna de mis elecciones sexuales. Las he elegido, justamente, porque entre el amplio abanico de posibilidades éstas me resultan más congruentes con mis valores. Me lo he pensado mucho para escogerlas: no soy una adolescente y no me muevo al vaivén de las modas o las masas. Tengo razones muy congruentes para frecuentar los espacios swingers, para practicar el nudismo social, para ser moderadora de un grupo de exhibicionismo y voyeurismo o para ser una poliamorosa activa.

Entiendo a la perfección que otras personas hagan su propio balance y escojan otras alternativas. La fauna humana es absolutamente diversa. Respeto profundamente sus elecciones, pero me cansé de no recibir a cambio los mismos gestos de respeto.

Me tienen aburrida las señoras de su casa, las novias inseguras, todas las mujercitas de bien que se sienten amenazadas sólo porque existo. Porque no soy como ellas. Vive y deja vivir. Puedo seguir con mi vida sabiendo que ellas son todo lo que yo no quiero ser ¿por qué no pueden ellas seguir con la suya sin asaltarme a cada paso? Les gusta ponerse el disfraz políticamente correcto y hablar en tono dulce a sus compañeros o amigos: "te lo digo porque me interesas y sé que ella no te conviene".

Se les alborota eso que se inventaron otros y que ellas se creyeron, lo del tal "instinto materno", y se ponen a "proteger" a cuarentones que, valga decirlo, no parecen sentirse nada amenazados. Se les ve más bien muy contentos, asomándose en nuestras conversaciones a esos otros mundos posibles... Es evidente que quienes se sienten realmente amenazadas son ellas: los hombres que les rodean pueden descubrir que existen mujeres con vidas sexuales más afines, que no hacemos de nuestro cuerpo y nuestras emociones un valor de cambio para el contrato matrimonial, que decidimos libremente con quién, cómo y cuándo nos echamos un polvo, por puro gusto. Muchas de mis amigas, con quienes comparto ideas y curiosidades, dan fe de la misma historia: esas otras mujeres, las que se ven a sí mismas como las buenas, les tienen miedo, o sencillamente una envidia no declarada. No soportan que otras se hayan liberado de las cadenas que ellas siguen cargando, y en vez de sumarse a la libertad, intentan manchar el lugar que hemos conquistado a pulso, descargando en él todos sus oprobios. Al final coinciden: "una mujer no puede pensar así sinceramente, lo hace sólo por complacer a los hombres", y a nosotras nos da un poco de lástima por ellas, al comprobar que los caminos del placer siguen siendo tas estrechos en sus vidas.

Si a alguna de las mujeres que me lee le cae el guante, voy a regalarle un minuto de consuelo: no todo en nuestras vidas es sexo. Es demencial los videos que la gente inventa cuando sabe que soy una mujer sexualmente liberada: como si no tuviera que comer, trabajar, ir a novenas familiares o tener otra vida social. Cada día se me hace más difícil tomarme un café con un amigo -o una amiga- sin que sus parejas armen un show de celos al día siguiente. Casi imposible pasar una noche fuera de casa bailando o viendo películas sin que mi padre -en caso de que se entere- piense que estoy en una orgía. Inevitable decir que me especializo en la investigación sobre sexualidades sin que un hombre corto de miras lo escuche y le brillen los ojos al pensar que esa noche vamos a terminar en la cama. Luego dicen que la obsesionada con el sexo soy yo. ¡Hace falta tener la cara dura! También me cansé de los hombres que siguen dividiendo al conjunto de las mujeres en putas y santas. Porque ese invento es de los hombres, las mujeres de las que hablé antes lo reproducen sin darse cuenta de la trampa que implica también para las "santas" -sobre todo para ellas, encerradas en su cárcel de cristal-.

La mayoría de hombres (sí, cuánto lo siento, pero siguen siendo la mayoría) continúan buscando esposas de las buenas y romances con las otras. "En la calle una dama y una puta en la cama" sigue siendo la ley. Putas muy peculiares, claro está: sólo en la cama suya y a la medida de sus deseos particulares... que si la puta se sobreactúa y sale con cosas muy "raras" se presta para desconfianzas... Este prejuicio también se reviste de corrección política, y ya que algo ha calado la "liberación femenina" en sus versiones mas light y normativas, son menos los que se atreven a expresarlo de viva voz. Dicen más bien: "quiero compartir mi vida con una mujer trabajadora, que me entienda, que sea dulce y que sea una buena madre". Traducción: quiero alguien que me haga el trabajo de cuidado y reproducción gratis. Se ahorran la parte de con quién -o con quién más- quieren compartir la cama. En la práctica, su deseo está perfectamente amoldado: casi ninguno desea formar una pareja estable con una mujer que reconoce como plenamente liberada a nivel sexual, aunque intenta acostarse con "esas" cada vez que tiene una oportunidad.

A estos últimos ya no los soporto. Un montón de hombres casados siempre dispuestos a venderse como "open mind", ansiosos por experimentar todos los placeres, pero a escondidas, porque "mi esposa no lo comparte" o "ella sufriría mucho si se enterara". Mil veces la misma historia: sólo se esconden porque no están dispuestos a permitir en sus compañeras la misma libertad que se permiten ellos mismos. Hasta en los bares swingers abundan.

No más condescendencia, aunque sean mis amigos de toda la vida. Lo dejo dicho de una vez y seguro tendré que repetirlo en sus caras: cumplan el compromiso de fidelidad que asumieron, o reconozcan que la fidelidad no es lo suyo y abran la relación, y si ella no quiere, sepárense, pero hagan de una buena vez gala de los "pantalones" que se enorgullecen en tener y enfrenten su situación.

Al toro por los cuernos, así que en este 2010 habrá menos sonrisas condescendientes y más dientes desafiantes...

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